Cristiano Ronaldo sintió que el Bernabéu le esperaba y fue víctima de su ansiedad. Interpretó el fútbol con mucha prisa, con poca pausa y menos engaño. Con lo que los defensas del Barcelona le ganaron siempre la partida. El Clásico desactivó al portugués y su equipo lo acabó pagando. Cristiano entró en el partido a ritmo de galope. El Bernabéu empezó jaleándole pero acabó entre murmullos, con los aficionados blancos recriminándole su falta de acierto y su escaso peso en el juego. Es verdad que no se le puede reprochar su entrega, sobre todo cuando tiene el balón, pero el aire individualista con el que se manejó durante todo el partido le alejó de cualquier posibilidad de ser decisivo.
Por no hablar de las faltas. Telemadrid emitió una estadística según la cual no ha marcado en los últimos 21 lanzamientos. No voy a negar que las saca muy bien, pero no es el único que sabe hacerlo en este Madrid. Por ejemplo, Xabi Alonso no tiene nada que envidiarle. Cabe pensar que Cristiano las tira porque el banquillo le bendice. Pero lanzar dos seguidas en menos de un minuto no parece lógico cuando el primer tiro lo has estrellado en la barrera. Y además, no es tu día. Cristiano entró al césped del Bernabéu pensando que sería el hombre del partido, pero lo abandonó cabizbajo y derrotado. A lo mejor era un gran día para poner sus condiciones al servicio del equipo. Sucede que los potentes focos que iluminan su ego no le dejaron.
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